CRÓNICA DE LA CONFERENCIA DE LUIS SILGO Y HECTOR IGLESIAS

25-Marzo-2010
Palacio de Villa Suso
(Vitoria-Gasteiz)

La conferencia impartida por los Doctores Luis Silgo y Hector Iglesias versó sobre los “Aspectos lingüísticos de los grafitos de Iruña-Veleia” si bien, durante el desarrollo de la misma, se trataron además aspectos arqueológicos y del contexto histórico-religioso del hallazgo.

La conferencia iba dirigida al público en general. De las casi 200 personas que estuvimos allí, la mayor parte eran ciudadanos interesados en el tema y sólo eso, precisamente aquellos para los que iba dirigida la charla. Y, cuando se hace una exposición de cara al público, si uno conoce en profundidad el tema del que diserta y es un buen comunicador, sabe cómo adaptar su argumentación o sus ideas de la forma más adecuada posible al público al que va dirigida. No es lo mismo hablar ante personas especializadas que ante aquellas que no lo son, en cuyo caso el esfuerzo de comunicación es aún mayor para el especialista, porque muchas veces al experto no le es fácil aplicar un lenguaje no especializado, comprensible para los demás. En el caso que nos ocupa hay que felicitar a los dos ponentes, porque supieron compendiar parte de su saber e investigaciones sobre el tema, para que el público entendiera perfectamente lo que decían. Y lo consiguieron, ya que los comentarios de todo el mundo, en esos momentos que surgen tras la conferencia en que se intercambian opiniones, eran coincidentes. Que lo habían entendido todo, que les había gustado la exposición y que los argumentos dados a favor de la autenticidad de las piezas les parecían simplemente irrebatibles. Aunque también las intervenciones posteriores contribuyeron a reforzar esta última opinión.

No vamos a entrar aquí en los contenidos de la conferencia, ya que pueden ustedes escucharla de forma directa. Pero sí destacaremos, al margen de múltiples cuestiones de detalle, tres aspectos que quedaron meridianamente claros al público asistente:

• La falta de metodología, de argumentación y de objetividad, así como las contradicciones y el tono displicente del informe arqueológico de la comisión; que no aporta prueba alguna ni de que los depósitos arqueológicos en los que se localizaron los grafitos hubieran sido alterados recientemente, ni de una mala actuación por parte de Lurmen. La falta de comprobaciones estratigráficas in situ (cuando aún se podían hacer, no lo olvidemos) y la no revisión del propio material arqueológico (que incluiría, por ejemplo, la observación de las más que evidentes pátinas de antigüedad) invalidaría dicho informe, en opinión de Silgo. Y, aunque esto no lo dijo él, permítannos recordar y añadir cómo uno de los firmantes del tal informe, Julio Núñez, es quien va a encabezar el nuevo Plan Director sobre el yacimiento, con lo cual quedarían en evidencia los intereses que pudieron sesgar la redacción del mismo.
• El hecho de la coherencia temática de los distintos conjuntos, absolutamente ignorada por la comisión que trató todo como un “totum revolutum”. Así, una simple inspección de estas coherencias, permite a Silgo ver la presencia de ejercicios escolares que muestran una secuencia de aprendizaje del paleoeuskera localizados en el sondeo 32 o la presencia de un ambiente litúrgico cristiano compatible con la utilización del recinto 8 del sector 6 como una casa con función de iglesia. Y todo ello a través del estudio de los grafitos en relación a su lugar de aparición dentro del yacimiento. Todo ello haría bastante increíble la existencia de un falsificador que hubiera mantenido dicha coherencia temática.
• La presencia de elementos lingüísticos que sólo son conocidos por unos pocos especialistas en todo el mundo permite a Iglesias argüir también acerca de la improbabilidad de la presencia de un falsificador que hubiera tenido un nivel de conocimientos superior al de la propia comisión, siendo la opción más probable y más sencilla que se trate realmente de material de época romana. Así el nivel de conocimiento de ciertos aspectos muy técnicos del latín vulgar, de determinados nombres muy poco conocidos de origen céltico o incluso púnico, conocidos en la actualidad por unos pocos eruditos (en distintas materias como vemos) apuntan en una misma dirección: que es altamente improbable que los grafitos sean fruto de una falsificación. En este sentido, Iglesias hablaba de una seguridad del 99’99%. Lo más sencillo es que se trate de material auténtico, así de simple.
• A destacar también la mención realizada a un especialista de peso en estudios lingüísticos vascos, Txillardegi, que dio su permiso a Hector Iglesias, por el intermedio de Juan Martin Elexpuru, para comunicar públicamente que la inscripción (…) ZVTAN IZANA traduce el latin "(…) qui es in caelis" del Pater noster y que, por esta razón y otras varias, considera Txillardegi, tras la lectura del largo estudio de Iglesias, que los grafitos de Iruña son auténticos. Por otra parte, Jean-Baptiste Orpustan, catedrático de lengua y literatura vascas y otro especialista de peso en estudios lingüísticos vascos, en sus comentarios sobre dichas inscripciones veleyenses y, concretamente, en lo que concierne a dicha inscripción (…) ZVTAN IZANA del paleo-euskera de Veleia, llega él también a la misma conclusión que Txillardegi y eso sin saber que este autor había estudiado este asunto e inscripción en particular. Efectivamente, Iglesias recuerda en la conferencia de Vitoria-Gasteiz que Orpustan, quien había sido su director de tesis, llega a la misma conclusión que Txillardegi, o si se prefiere vice versa, o sea que Txillardegi llega a la misma conclusión que Orpustan. Aunque Iglesias no lo dijo en la conferencia, pero nos autoriza a decirlo aquí, él le comunicó en su momento a Orpustan, que él y Txillardegi coincidían en sus conclusiones, a lo cual le respondió Orpustan que no había nada de raro en ello y que era de esperar que Txillardegi y él llegasen a la misma conclusión sobre este tema puesto que no puede haber otra. En la conferencia, Iglesias reconoce humildemente no haber sabido explicar bien dicha inscripción y recuerda que ni él ni Gorrochategui y, ni tampoco Lakarra, habían acertado en la explicación, dada posteriormente por Orpustan y Txillardegi.

Se trató de una exposición de alto nivel de contenidos, pero a la vez muy didáctica y expuesta con una gran claridad de ideas.

Después de la conferencia, se abrió el habitual turno de preguntas. Pero no hubo opción a un desarrollo normal del mismo puesto que se vio monopolizado, por dos intervenciones en las que quedó patente que no todo el mundo tiene la capacidad de discernir cuándo algo está o no fuera de lugar. Y eso por no pensar mal y considerar que dichas intervenciones iban encaminadas a reventar el acto. Es preferible pensar que no aunque en el fondo todo el mundo sacó la sensación de que, efectivamente, ése había sido el objetivo. Si ésa era la pretensión, desde aquí adelantar que el tiro les salió por la culata. Pero el caso es que la gente a la que iba dirigida la conferencia, se quedó sin poder exponer las preguntas que tenían ganas de hacer. ¡Lástima!

Y es que, en una conferencia abierta al público en general, cuando después de la exposición se ofrece la posibilidad a la gente de que intervenga y pregunte, lo que no se puede hacer, por educación y por respeto a los asistentes, son dos cosas que ocurrieron ese día, como son, faltar al respeto a los conferenciantes o hacer tu propia mini-conferencia, revestida además con un lenguaje propio del especialista que no pretende compartir su intervención con la gente, buscando sólo el lucimiento personal. Tuvimos así muestras de dos actuaciones fuera de lugar, curiosamente (coincidirían por casualidad?) de dos profesores universitarios, cuyos nombres mencionamos puesto que se identificaron.

El primero en hablar fue José María Vallejo, que realizó una intervención inconexa y de mensaje confuso (pueden ustedes escuchar el video, aunque a él no se le ve) cuyo objetivo parecía básicamente faltar al respeto a los conferenciantes, acusándolos por ejemplo de frívolos y de ser poco científicos, para terminar no haciendo ninguna pregunta y marchándose sin más, rematando así su penosa actuación. Parecía que no hubiera entendido nada de los contenidos de la conferencia. Desde la mesa, obviando sus insultos, hicieron lo que tenían que hacer: se le preguntó respetuosamente cuál era la pregunta, a lo que respondió que "No había pregunta" saliendo del salón, con lo que evidenció que la causa de su asistencia no había sido entablar un debate. Fue todo un alarde de mala educación sobre el que no merecería la pena perder más el tiempo. Sin embargo, vamos a aclarar algunas cosas, ya que allí no hubo opción. Ante la acusación de que los conferenciantes no habían hecho un estudio directo de las piezas hay que aclarar que, a diferencia de los miembros de la comisión que tuvieron la opción de estudiarlas en directo y que -sin embargo- muchos, entre ellos los arqueólogos (recordemos que son piezas arqueológicas), no lo hicieron; los investigadores que se han acercado después al tema, no han tenido esa opción. Por otra parte, la evaluación de la metodología del informe arqueológico de la comisión, no precisa de una visita al yacimiento, ya que lo que se está analizando es la validez de dicho informe. Sin embargo, los redactores del mismo, que informaban sobre una excavación en curso, por supuesto que deberían haber estado en el yacimiento y haber visto las piezas, ésa era su obligación para el peritaje que les encargaron, del que se derivaron graves consecuencias, del que salieron beneficiados y que resulta a todas luces inválido. Con respecto al reproche de abrir un debate y no haber publicado, hay que recordar que todos los informes relativos al tema están publicados en internet y ninguno en una publicación al uso. Con lo cual, estarían en el mismo rango de difusión. No lo olvidemos y que no nos confundan. Y negar la oportunidad al debate, como hizo Vallejo, eso sí que es anticientífico. El debate es algo natural y casi preceptivo en el mundo científico. A lo que no se puede llegar es a un dictamen sobre un hallazgo en el que no haya existido una confrontación de opiniones y un consenso. Para finalizar, se podría destacar unas afirmaciones de Vallejo señalando que hay que estudiar “las pátinas que están sobre los surcos” o “a nadie se le puede escapar aquí que habrá inscripciones auténticas” (aprox. mn. 1.32.05 a 1.32.10 )

El segundo profesor que intervino fue el propio Joaquín Gorrochategi. Aunque sorprendente su presencia allí, no podemos dejar de evaluarla como positiva, ya que si se tomó la molestia de acudir es lógico suponer que pudo ser porque tiene plena conciencia del valor de los argumentos de estos dos doctores que desbaratan totalmente muchos de los de la comisión, y particularmente los suyos, en contra de la autenticidad de los grafitos. Como terminó señalándole Iglesias, en su informe responde línea por línea y argumento por argumento, al informe de Gorrochategui.

Éste realizó una mini-conferencia en el turno de preguntas, cosa totalmente fuera de lugar en un acto como el que se celebraba. La exposición resultó larga, bastante inconexa y tediosa, en la que con un tono que habría que calificar de displicente volvió sobre cuestiones ya reflejadas en su informe, sin aportar ninguna argumentación nueva.

Podríamos pensar bien y suponer que vino a intentar un conato de diálogo o debate entre expertos, aunque aquel no era el marco apropiado (como lo hubiera sido un congreso o unas jornadas, o una simple reunión entre científicos como las que jamás se dieron en el marco de la comisión). Pero el caso es que no pretendía “debatir”, puesto que en cuanto terminó su larga exposición dijo “me voy a tener que ir” (mn. 1.43.42). Que pretendiera irse sin esperar respuesta, no sentó muy bien a la gente. Pero el caso es que, ante algunas cuestiones y respuestas directas que se le plantearon desde la mesa se tuvo que quedar. Y ahí empezó el espectáculo. Se ve bien en el video: Gorrochategui de pie, gesticulando, que se iba que se quedaba, que se iba que se quedaba, cada vez más nervioso, hasta que final, consciente de la debilidad de los argumentos o no sabiendo ya qué responder, definitivamente se fue. Es una pena que el audio no se oiga bien cuando él respondía sin tener el micro, pero haciendo un esfuerzo sí que se oye. Les invitamos nuevamente a escucharlo.

Como se ha señalado antes, Gorrochategui no aportó ningún argumento nuevo a los ya señalados en su informe, si bien matizó algunas cosas. Así por ejemplo, admitió las lecturas DENOS y MISCART (cosa que no hizo en su informe y recordemos que esta última se asociaba por la comisión a Descartes, de hecho, Gorrochategui tituló uno de los apartados del informe como ¿Descartes?, inclinándose por esta lectura). Realizó alguna pregunta concreta a los dos ponentes que dejaba ver que se había leído sus informes y que había acudido a las fuentes originales, intentando, sin conseguirlo, poner en entredicho su interpretación, como en el caso del texto de San Irineo o en el tema del Denos, ambas cuestiones respondidas desde la mesa.

En un momento, mostró la necesidad de forzar los argumentos lingüísticos a favor de su postura. Así, llegó a decir que el antropónimo Neureseni, aparecido en una lápida de Aquitania (Neureseni Sendi filia: Neuresini hija de Sendus), y que todo el mundo ha interpretado por medio del euskera como como Neure: "mi" y seni: "niño, -a", podría tratarse del genitivo o dativo de un supuesto nombre Neuresen, totalmente desconocido. Y todo por no querer aceptar la posibilidad de los numerosos neure, geure y zeure de los grafitos.

Resultan curiosas algunas de las cosas, que se plantea este experto, ajenas ya al mundo de la lingüística, como el hecho de que los grafitos estén escritos sobre basura (aunque no podemos entender por qué le parece extraño algo que se documenta en la Antigüedad), o el tipo de ejercicios escolares que pudieran reflejar algunos textos (como si el hecho de que no se parezcan a los de Egipto demostrara algo, ignorando además el ejemplo de Lugo que aparece en la página 117 del informe de Colmenero, señalando que no había ningún caso en Occidente en época romana, nuevamente como si eso fuera indicio de algo) o que le choque tanto la posibilidad de la existencia de préstamos culturales en el mundo antiguo. Contactos culturales o préstamos lingüísticos celtas, del norte de Africa, etc. le parecen como un elemento sumamente extraño, cuando en la Antigüedad los contactos interculturales entre los pueblos eran de lo más habitual, favorecidos por la universalidad del Imperio romano, con una red de comunicaciones en perfecto funcionamiento, por la que circulaban mercancías, personas, elementos culturales e ideas. Negar esto es no conocer el funcionamiento del mundo antiguo. Por otro lado, la acumulación de supuestas “rarezas” en Iruña (con las que Gorrochategui llega a hacer un curioso ensayo estadístico que no aguantaría la más mínima revisión matemática), lo son desde nuestra perspectiva y desde nuestro desconocimiento actual de la Antigüedad. Esas rarezas no eran tales en época antigua, ya que se limitarían al uso y expresión escrita del latín vulgar, de la lengua indígena y a la presencia de préstamos lingüísticos ajenos a la zona, como consecuencia de los contactos de una ciudad importante del Norte peninsular como Iruña, con otros puntos del Imperio, ratificada suficientemente a través de los materiales arqueológicos que se localizan en su subsuelo. Esto es, las “rarezas” desaparecen si nos situamos en el contexto histórico correcto y sólo son explicables desde él, avalando precisamente su autenticidad, no a la inversa, como se pretende. En este sentido, podríamos añadir que una acumulación de supuestas “rarezas” no supone necesariamente imposibilidad y que, como científicos, al no evidenciarse ninguna imposibilidad manifiesta, deberían haber investigado y buscar hipótesis explicativas, al menos como posibilidad y que no haber hecho eso es inaceptable por parte de una comisión en cuyas manos estaba la evaluación de un Patrimonio como éste. De esta manera resulta que sólo han expresado sospechas sin fundamentar.

Otro aspecto que queremos destacar es la mención de Gorrochategui a que había visto pátinas (o mejor sería decir adherencias de costra o arcilla, porque no creemos que se refiera a las pátinas en el sentido que después explicamos) rotas por los grafitos. A ésto se contestó señalando que las aparentes roturas de las adherencias superficiales en los grafitos se debían posiblemente al proceso de lavado y se planteó cómo era posible que los lingüistas hubieran leído textos parcialmente tapados de forma evidente por costras o arcilla endurecida y cómo este hecho no les había hecho saltar las alarmas de que se estaban enfrentando a material antiguo. Así, entendemos que de una observación errónea se ha sacado una conclusión también errónea, como es la de la rotura de las pátinas o, mejor, de las adherencias. De hecho, en una observación directa sí se puede ver la presencia de pátinas. Y es que la pátina de antigüedad es observable de visu. Pero, por supuesto, hay que saber y querer reconocerla. El estudio de esas pátinas, es algo que reclama el propio Silgo en su estudio. Ni siquiera hacen falta unas analíticas complejas para llegar a esa conclusión. Y es que la superficie de muchos tipos de materiales cambia de color con la edad (por la oxidación/ hidratación de los minerales), lo que hace oscurecer o, en algunos casos, blanquear, la superficie de los materiales. Cualquier incisión reciente será evidente, ya que mostrará evidencias físicas de que lo es, tales como una “frescura” en el color y en el corte del grabado. Es decir, que visualmente es evidente si hay o no continuidad de pátina. Por otro lado, hay algunas piezas (sobre todo las que se limpiaron menos) con claras adherencias de costra o de arcilla endurecida que llegan incluso a ocultar parte de las letras de alguno de los grafitos. Todo esto necesita de una investigación que no ha sido llevada a cabo en el seno de la comisión, pese a las reiteradas peticiones por parte de Lurmen.

Curioso que Gorrochategui señalara expresamente que él cuando inició el estudio no iba con ideas preconcebidas, “cuando me enfrenté a esto no iba con ideas prefijadas….” (mn. 1.43. 12 a 1.43. 30). Cuando es público y notorio, no sólo su cambio de posicionamiento público con respecto a los grafitos (para él auténticos en sus primeras declaraciones públicas y dudosos o directamente falsos en declaraciones posteriores). De hecho, cuando inició el estudio de los grafitos en 2008, en el seno de la comisión, ya había declarado públicamente su posición contraria a la autenticidad de los mismos ¿Ya no se acuerda? Entonces ¿cómo nos puede decir que no tenía ideas prefijadas? Eso no se mantiene.

Muy elocuentes las palabras de Iglesias señalando cuestiones como lo poco que se conoce del euskera antiguo -cosa, no lo olvidemos- totalmente cierta, o que lo que proporciona Gorrochategui (y podemos añadir que el resto de los miembros de la comisión) son sus opiniones, opiniones que no sirven en absoluto de prueba para demostrar la falsedad de los grafitos. Que éstos no se correspondan con las teorías de Lakarra o Gorrochategui (cuestión clave del problema añadiremos), no es prueba de que no sean auténticos. Y que hay otros especialistas como él mismo, Silgo, Orpustan o Txillardegi que piensan de forma diferente a ellos. Que el tema debe investigarse. Que cuando aparece algo nuevo, no por ello tiene que ser necesariamente falso, que hay que investigarlo. Silgo, aludió a un principio epistemológico según el cual la investigación debe estar libre de prejuicios. No podemos aceptar apriorismos diciendo que esto no es posible por lo cual es falso, sino que lo que hay que hacer es investigar.

Nos gustaría destacar que, en un momento dado, al ver que sus argumentaciones iban empobreciéndose a medida que se le respondía desde la mesa y ante unas preguntas concretas sobre las pátinas, Gorrochategui llegó a señalar que sus conclusiones podían ser “rebatibles por otra comisión” (mn 1.57.18) y “que vengan los arqueómetras mejores que hay en el mundo y que digan algo” para la resolución del tema (mn. 1.58.14). Y lo mejor, la reacción del público asistente, aplaudiendo la propuesta y pidiéndole que firmara el manifiesto en pro de nuevas analíticas cosa que, por supuesto, no hizo.

El acto remató con unas palabras de Eliseo Gil en las que señalaba lo interesante que era el establecimiento de un debate científico, pero que dictámenes como el de Gorrochategui, ya ampliamente contestados, habían llevado a determinadas personas entre las que él se incluía a una delicada e inmerecida situación personal, profesional y judicial, suponiendo un grave perjuicio para el patrimonio cultural de nuestro territorio.

Por tanto, hemos de valorar la conferencia como de muy altamente positiva, siendo la primera vez que se ha llevado a cabo un debate público sobre el tema de Veleia, si bien el marco y el momento adecuado hubieran sido otros. Debate que debiera haber sido propiciado por la propia administración foral como responsable de garantizar la conservación y el estudio de nuestro patrimonio cultural, con anterioridad a emitir un dictamen de tan graves consecuencias y, con gran probabilidad, erróneo e injusto, tanto para personas como para el propio patrimonio cultural.

El material audio-visual colgado arriba con las ponencias de Hector Iglesias y Luis Silgo Gauche representa la grabación oficial que acostumbra realizar el servicio técnico de Villa Suso y que luego pone a disposición de los organizadores de los eventos que se celebran en este recinto.

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