El ‘caso Veleia’ En defensa de la Grafología científica, el Periodismo objetivo y (sobre todo) en defensa de la Justicia.

Eliseo Gil Zubillaga, exdirector de las excavaciones de Iruña-Veleia
Como comprenderán los lectores mi situación es suficientemente delicada para darme el lujo de abrir nuevos frentes en mi contra. Con todo, mi declaración de intenciones en el título no puede ser más sincera ni pertinente.

Declaro mi respeto hacia las dos especialidades. La primera es prácticamente desconocida para mí, la segunda, lo mismo me ha concedido loas y parabienes como me ha denostado y, en los últimos tiempos, me ha sometido a pública persecución y escarnio. Quiero creer en la independencia de ambas disciplinas, pero lamentablemente determinadas personas que se han ocupado de ‘mi caso’, parecen empeñadas en empañar gratuitamente mi reputación. Es necesario recurrir también a la terminología legal, que desconocía hasta hace poco y que tan presente está ahora en mi descabalada vida. Vamos a ver, en las querellas interpuestas contra mí por la Diputación Foral de Álava, Eusko Tren y Euskal Trenbide Sarea, mi estatus es el de ‘imputado’, nada más hay por el momento y recomendaría la consulta de la definición exacta de ese término (por cierto, la de ETS definitivamente archivada ya por la Audiencia provincial).

Siendo para el imputado el principal principio jurídico a favor la presunción de inocencia, no puedo sino rebelarme ante la indefensión a la que me estoy viendo sometido, principalmente a través de los medios de comunicación y, ahora en particular, a través en concreto de un extenso artículo aparecido en este mismo diario, firmado por Don Alberto Barandiarán. Hay que decir que esta última circunstancia, conociendo la trayectoria de este medio, me llena aún más de un inesperado estupor añadido.

Pasemos por alto la absoluta falta de contraste en la noticia, al eludir entrevistarse con el principal protagonista de la noticia, pero lo que no podemos obviar jamás es mi presunción de inocencia, ni mis derechos amparados por la Ley. Resulta que el periodista da por buena la información suministrada por sus fuentes (pocas posibilidades de equivocarse; alguien vinculado a la empresa de Grafología contratada por la DFA o a esa misma institución). No se para un instante a reflexionar que esa ‘información privilegiada’ está sujeta a las limitaciones de un proceso legal y que favorece a una de las partes (adivinen Vds. a cuál). En su papel, a modo de colaborador necesario, el citado periodista contribuye a condicionar a la opinión pública (a un sector bien concreto de la misma, ¿hace falta explicarlo?) en mi contra, favoreciendo de nuevo a una de las partes. ¿A quién importa que ni quien suscribe ni su representación letrada carezcamos a día de hoy de esos informes grafológicos eficazmente aireados por ese periódico? ¿A quién importa que mis peritos no tengan acceso a esos materiales, denegado por la DFA, y la misma institución los utilice a su voluntad y propia conveniencia, proporcionándolos a sus grafólogos, tal y como recoge el artículo del Sr. Barandiarán? ¿A quién importa que yo sea inocente? Miren Vds., puede sonar ingenuo, pero esto es absolutamente monstruoso, yo no he realizado ni uno solo de los graffiti que aparecieron en las excavaciones de Iruña-Veleia, ya pueden presentar mil informes grafológicos y atribuirme hasta el mismísimo testamento de Augusto. Ni aunque me torturaran (y psicológicamente yo considero que ya lo están haciendo) iba a admitir nada que no sea cierto, ya me pueden llevar a la hoguera…

Versión castellana del artículo-respuesta. Berria 20010-II-3

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